El vuelo | Puras Vagancias

La salida se demoró casi una hora. Pasajeros desesperados, de malas, y aquellos que simplemente no se inmutaban ante la situación incómoda. Había quienes estaban exasperados porque simplemente ya no querían estar un minuto más en esa ciudad.

Personas que huían de algo, personas que se iban a un mejor lugar a perseguir sueños, personas que se iban por unos días, personas que regresaban a casa después de unos días.

Finalmente el avión arranca los motores y comienza a carretear. Quizá haya alguien haciendo planespotting en las afueras del aeropuerto. Quizá…

Llega a la cabecera de la pista y dura un rato más en ella. Esperando la orden de despegue. Hay mal clima, y el capitán tal vez está esperando a que le digan que puede operar a su discreción. Unos pocos minutos que parecen horas.

Y el avión no despega. Y hay quién se exaspera…

Hasta que por fin comienzan a rugir los motores del avión. Éste comienza a avanzar y a ganar velocidad. El golpe de las fuerzas G que mantienen a cada pasajero en su asiento. Pero el avión toma más pista de lo habitual. Una ñáñara, un leve ataque de ansiedad. ¿Irá a levantarse esta cosa?

Y sucede. Un momento que parece un silencio, la sensación de quedarse suspendido en el aire, un brevísimo y casi imperceptible ataque de pánico.

El avión se eleva y comienza a agitarse. El rugido metálico de los motores pasa a segundo plano, parece lejano. Se generan silencios interiores. Parece no estar pasando nada alrededor. Múltiples inopias.

¡Turbulencia!

El avión se mueve para un lado y para el otro. No parece que vuele normalmente. Más bien aletea. Náuseas, malestares. Incluso hay vómitos.

El avión parece eleverse con pesadez entre las breves nubes y las ráfagas de aire…

Y la ciudad aún se puede ver por las ventanillas. Parece que no hay manera de dejarla atrás, pues el avión se eleva con pesadez en medio de las turbulencias.

Los pilotos mantienen la mirada en los instrumentos de navegación. No pueden quitarla. Simplemente no pueden hacerlo, pues la corriente podría desviarlos. Efecto: se asen a las columnas con una fuerza poco habitual.

¡Turbulencia!

El avión aún no vira hacia ningún lado. El ascenso dura una eternidad. Más malestares, más náuseas, más vómitos. La nave no deja de aletear. El rugido metálico de los motores se hace notar más, pero la ansiedad es la misma.

Y así dura… Estoy viajando. Estoy volando. Mi avión está despegando en medio del mal clima. La ciudad se sigue viendo por la ventanilla. Parece que nunca quedará atrás. Y la nave no deja de agitarse… ¿Cuándo llegaremos a la altura de crucero?

Supongo que cuando lleguemos a la altura de crucero el clima estará mejor, la nave se estabilizará y podrá virar para corregir el rumbo. Y llegaremos a nuestro destino sanos y salvos después de haber comido el frugal tentempié y de haber escuchado un poco de música. Supongo…

El vuelo | Puras Vagancias.

vía El vuelo | Puras Vagancias.

 

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